Nunca antes había extrañado tanto la cotidianeidad urbana de mi vida, ese sentimiento de las cosas familiares que usualmente paso por alto cuando las tengo asfixiándome; ese disfrute de seguridad vieja y conocida que muchas veces no se tiene en sitios extraños. Realmente no había sentido hasta ahora la necesidad de repasar todas esas cosas invaluables, pero a la vez insignificantes, que representan un sabor a casa, y no me refiero al inmueble predeterminado al que regresamos después de los viajes, sino a ese sentido de pertenencia a una vida establecida, hecha justo a la medida!
Hoy mi tónica conversacional va dirigida por ahí, producto de una "casitis" que me asaltó por sorpresa en medio de la oscuridad en las altas montañas del sur, y que me hizo añorar el olor de mi cama y la luz que entra por la ventana cuando amanece (realmente me estoy volviendo un poco difícil, o vieja tal vez, mm... cómo diríamos, carreteada o kilometreada), sin embargo es un sentimiento satisfactorio el extrañar algo y representarlo por medio de imágenes o ideas hasta que se vuelve a tener al frente.
Lo de los puentes es otro asunto. En medio de mi travesía sureña los puentes hicieron su acto de gala al aparecer improvisadamente como un reto amenazante pero invitador a la vez. El thrill de cruzarlos, aún sabiendo que una tabla mal puesta puede dejarte de cabeza en un río enfurecido y traicionero, es satisfactorio cuando se llega a la otra orilla; así pasa con todo, es cuestión solamente de saber poner los pies y darse cuenta cuáles son esas líneas tangibles que van a hacer el paso seguro.
1 comentario:
Me gusto la asociación de los puentes!, cuidado con quedarte mucho tiempo fascinada en el puente olvidandote de la otra orilla que te esta esperando o bueno: si querés diseñar tu casa en el puente, igual disfrutalo!!!!!
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