Just like you said it should be
We´ll both forget the breeze
Most of the time
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En otro orden de cosas, realmente no me imaginé que terminaría escribiendo de algo tan vano, pero estas pequeñas cosas a veces terminan afectando más de lo que deberían. Justo le decía a mi amiga hoy que las vendedoras de las tiendas son especiales para reducir la autoestima de las compradoras. En primer lugar, es insoportable que no te dejen ver la ropa con tranquilidad, las tenés pegadas a tus talones cada vez que cambiás de color, talla o estilo; quién dijo que una buena vendedora es la que tiene que invadir la burbuja personal del cliente? Pero el martirio no acaba ahí, una vez que lográs vencer esa sensación de tener un espía sigiloso atrás, comienza el bombardeo de mentiras con afanes comerciales: todo se te ve precioso para ellas! (no importa que te veas como una sardina embutida en un pantalón: "así se usa ahora mi amor, se le ve divino, que lindo le talla") Tanta mentira insidiosa acaba produciendo el efecto contrario, no te dan ganas de comprar con semejante asedio ponzoñoso! Lo peor llega cuando tenés que aguantar sus miradas de conmiseración cuando te dicen que ese (que para peores te encantó y no te quedó) era el más grande de toda la tienda y a continuación te ofrecen algo con forma indefinible, en el cual estás segura que cabrían tres personas cómodamente: "Ay mi reina, de ese ya no hay más grande, pero vea que lindo este estilito...se le vería divino" Completamente insoportable, cierto?
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Aunque debo decir que eso logró sacarme de mi centro hoy, hace algunos años hubiera sido algo semejante a una catástrofe; pero por dicha el tiempo pasa y con algunas dificultades, vamos cambiando. En mis épocas de adolescencia, nunca había sido muy segura con respecto a mi apariencia,de hecho, en mis comparaciones siempre salía perdiendo ante ideales absurdos, y hasta experimentar lo doloroso que puede ser un trastorno de alimentación, no me dí cuenta de todo lo que estaba desperdiciando. Así que de repente comencé a comprender que no eran los demás y el contexto, era yo la que no quería verme bonita, era yo la que nunca estaba satisfecha; y desde ese momento, aunque a veces las vendedoras me arruinen el momento con algún comentario estúpido, me siento bien cómo soy. En todo caso, todas las inseguridades se derivan de sentir la obligación de encajar en patrones establecidos (muchos establecidos de manera estúpida). Buen desahogo para el alma . Debe haber miles de vendedoras así...
2 comentarios:
interesante punto de vista...
por eso es que yo idio ir de compras!!!
saludos!
Muy tuanis, me cuadra su blog,su redacción, sus opiniones, y la exposición de sus vivencias...
Exc.
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