Puedo repetir la misma canción muchas veces sin cansarme, puedo leer el mismo libro miles de veces sin aburrirme, puedo ver los mismos capítulos vez tras vez solamente para ver a Tezuka Kunimitsu... Que extraña puedo ser a veces! Pero ya me di cuenta por qué es que activo el repeat tan frecuentemente, y es porque estas y algunas cosas más, me dan seguridad y estabilidad en medio de tanta cosa cambiante que se mueve y me trastorna.
Pero creo que mis rarezas no son recientes. Cuando estaba pequeña me escondía debajo de las mesas para que nadie me dijera que era linda y amenazaba con bates a los amigos de mi mamá; y por supuesto, en esta época me chillaba con el hijo de la vecina. Fui la única niña que no tuvo birrete en la graduación del kinder porque no tenía edad para graduarme (eso fue cruel). Cuando estaba en la escuela me aprendí las capitales de casi todos los países del mundo y en lugar de querer un pony, tuve una decena de tortugas, que en algunas ocasiones amanecían asfixiadas en mi cama; en lugar de jugar románticamente de casita, mi juego favorito era imaginarme que estaba abandonada en un orfanato y que los domingos me venían a visitar. Mi primer beso fue desastroso porque prácticamente le escupí al pobre niño que estaba perplejo y sin saber qué hacer al frente mío (pobre!!). Cuando estaba en el colegio creí que todo se había normalizado al entrar en la llamada adolescencia, pero no, craso error! es cierto, ya no asfixiaba tortugas ni les escupía a mis prospectos, pero comencé a encerrarme en mí misma y a ocultar con fiereza mis sentimientos, me volví tan estúpidamente orgullosa! Pero desarrollé mi buen humor y aprendí a reirme demasiado, lamentablemente no sabía discriminar la ocasión adecuada ni sobre qué reirme... Ya en este momento me fijaba en las personas más erróneas que no me volvían a ver; y los 15 años me preguntaba cómo piensa un fulano de 20?. En esas épocas a las 5 am ya estaba despierta (mi mortal insomnio todavía no hacía acto de presencia); nunca tuve mucha preocupación por dormir demasiado.
Cuando entré a la u (a los 16 años, en lugar de entrar a los 17 ó 18 como la gente normal) me dejé conquistar por los bohemios de pelo largo y guitarra en mano... jajajajaja. Fue aquí donde gracias a mi creatividad me comencé a refugiar en mil imaginaciones distintas a mi vida real. Eran placenteros los cafés furtivos de las madrugadas en la Shell, así como todas las salidas a escondidas que por éstupida me veía obligada a hacer. Naturalmente, ya no solamente consideraba que escupirle a una persona era algo que no se hacía, sino que descubrí que todos los demás placeres eran mil veces más tentadores que las clases de dibujo de los miércoles en las mañanas. Y ahora? mmmm, ahora q estoy en el limbo con un pie adentro y otro afuera, me doy cuenta que muchas cosas bizarras del pasado se esfumaron, sin embargo muchas de mis cosas extrañas y perversas más bien se han visto amplificadas. Además de mi manía por repetir las cosas, soy la única persona que conozco hasta el momento que puede comer con varias bebidas distintas al mismo tiempo, me enamoro de personas que no existen, me encanta provocar situaciones cínicas de vez en cuando, y probablemente me veo bastante inofensiva. Y no como maní, remolacha y aguacate; se atreven a probar conmigo?
Pero creo que mis rarezas no son recientes. Cuando estaba pequeña me escondía debajo de las mesas para que nadie me dijera que era linda y amenazaba con bates a los amigos de mi mamá; y por supuesto, en esta época me chillaba con el hijo de la vecina. Fui la única niña que no tuvo birrete en la graduación del kinder porque no tenía edad para graduarme (eso fue cruel). Cuando estaba en la escuela me aprendí las capitales de casi todos los países del mundo y en lugar de querer un pony, tuve una decena de tortugas, que en algunas ocasiones amanecían asfixiadas en mi cama; en lugar de jugar románticamente de casita, mi juego favorito era imaginarme que estaba abandonada en un orfanato y que los domingos me venían a visitar. Mi primer beso fue desastroso porque prácticamente le escupí al pobre niño que estaba perplejo y sin saber qué hacer al frente mío (pobre!!). Cuando estaba en el colegio creí que todo se había normalizado al entrar en la llamada adolescencia, pero no, craso error! es cierto, ya no asfixiaba tortugas ni les escupía a mis prospectos, pero comencé a encerrarme en mí misma y a ocultar con fiereza mis sentimientos, me volví tan estúpidamente orgullosa! Pero desarrollé mi buen humor y aprendí a reirme demasiado, lamentablemente no sabía discriminar la ocasión adecuada ni sobre qué reirme... Ya en este momento me fijaba en las personas más erróneas que no me volvían a ver; y los 15 años me preguntaba cómo piensa un fulano de 20?. En esas épocas a las 5 am ya estaba despierta (mi mortal insomnio todavía no hacía acto de presencia); nunca tuve mucha preocupación por dormir demasiado.
Cuando entré a la u (a los 16 años, en lugar de entrar a los 17 ó 18 como la gente normal) me dejé conquistar por los bohemios de pelo largo y guitarra en mano... jajajajaja. Fue aquí donde gracias a mi creatividad me comencé a refugiar en mil imaginaciones distintas a mi vida real. Eran placenteros los cafés furtivos de las madrugadas en la Shell, así como todas las salidas a escondidas que por éstupida me veía obligada a hacer. Naturalmente, ya no solamente consideraba que escupirle a una persona era algo que no se hacía, sino que descubrí que todos los demás placeres eran mil veces más tentadores que las clases de dibujo de los miércoles en las mañanas. Y ahora? mmmm, ahora q estoy en el limbo con un pie adentro y otro afuera, me doy cuenta que muchas cosas bizarras del pasado se esfumaron, sin embargo muchas de mis cosas extrañas y perversas más bien se han visto amplificadas. Además de mi manía por repetir las cosas, soy la única persona que conozco hasta el momento que puede comer con varias bebidas distintas al mismo tiempo, me enamoro de personas que no existen, me encanta provocar situaciones cínicas de vez en cuando, y probablemente me veo bastante inofensiva. Y no como maní, remolacha y aguacate; se atreven a probar conmigo?
2 comentarios:
Sí, sí me atrevo. Te conozco personalmente desde hace más o menos un año, aunque de vista desde hace un montón. He de decir que es cierto, sos única, en apariencia, en el estado de humor, en la forma de pensar, en tu forma tan especial de ser (a veces muy peleona, cosa que me encanta de ti), en tu forma sutilmente cariñosa de ser... básicamente en todo.
El repetir lo que hacemos o disfrutamos, en mi opinión, lo hacemos porque nos gusta hacerlo, nos gusta encontrar los pequeños detalles que no vemos la primera o la segunda vez que las hacemos. Nos gusta apreciar las pequeñas cosas de esta vida que no se ven a simple vista sino que se encuentran ocultas bajo el desorden que nos rodea y como vos lo dijiste nos dan seguridad y estabilidad. Nos ayuda a disfrutar más la vida.
Todos sufrimos cambios en esta vida, algunos para bien y otros para mal (definitivamente es excelente que ya no le escupas a las personas). El punto es distinguir si esos cambios nos favorecen o nos afectan, yo se que los míos no me han favorecido mucho, su efecto a sido peor de lo yo creía; lo malo es cambiar por otros o por las razones equivocadas; muchas veces las cosas deberían seguir como están, muchas veces no.
Este punto de tu vida yo no lo veo como el máximo, talvez sí uno de los más intensos, pero no el máximo, yo lo veo más bien como un "stand by", en espera a que lleguen muchos cambios que están por venir. Cambios enormes por venir y cambiar tu vida, cambios que elegiste. Por lo que conozco de ti, y por lo sé que quieres, son buenos cambios que te harán muy feliz.
Por cierto, el hecho de que seas preciosa no justifica que amenaces a las personas con bates de baseball, eso usualmente no es muy bien visto y de fijo alguien se puede ofender.
jajajajaja buenisimo!
Publicar un comentario