Así amanecí ayer. Todo estaba increiblemente sincronizado y en orden, simplemente no le di importancia a nada que no me hiciera feliz; después de unos días de tener un sentimiento de completa ineficacia, ayer me levanté junto con el viento nuevo de estos días, con una placidez generalizada. Fue entonces a mediados de la tarde cuando dije: "hoy no me cambio por nadie", no quise ser-tener-hacer nada de lo que no soy-tengo-hago, y fue una sensación completamente satisfactoria: dejar de lado miles de anhelos y quejas que muchas veces sirven para excusar un presente con el que no se está conforme. Fue respirar aire nuevo con la nariz despejada. Ayer fui ebi de nuevo, esta ebi con todos sus dramas y dilemas, pero propios a fin de cuentas. Esta narcotizante sensación me duró hasta bastante entrada la noche y, según yo, me iba a acompañar durante toda la temporada...hasta que me desperté hoy en la mañana, después de soñar que me habían despedido estoicamente del trabajo (con reemplazo incluido) y que la persona que humillantemente me rescataba y me ofrecía todo (además de trabajo nuevo), era la persona que, horas antes en un café (mientras estaba efectivamente despierta), dije que me había dado una de las desilusiones más grandes que he tenido últimamente: la desilusión producida por salir de unos días e ideas anestesiadas!
Afortunadamente, de los malos sueños también se despierta, no sólo de las pesadillas de oficina.
1 comentario:
De vez en cuando la vida... hay de esos malditos días... y de los otros...
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